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Demonic Encounter [Privado Abaddon]

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Demonic Encounter [Privado Abaddon]

Mensaje por Invitado el Mar Dic 24, 2013 5:40 pm

En aquel gran trono oscuro, arriba de una plataforma cubierta por una elegante alfombra, yacía el cuerpo de un humano reposando, con sus ojos carmín contemplando su hermoso palacio. La única y escasa luz que iluminaba la edificación eran algunas antorchas colocadas en las paredes, las cuales hacían ver todo de un tono opaco. Mientras tanto, el hombre parecía inmerso en sus pensamientos, con una copa en su mano, bebiendo algún licor de alta categoría que había conseguido gracias a los demonios que se encargaban justamente de ello. Dejando la copa de lado, el hombre se puso de pie y comenzó a caminar hacia la salida, pasando sublimemente por toda la habitación, saliendo sin cuidado alguno, mientras un par de demonios se colocaban alertas en la entrada del puente que separaba el palacio del territorio demoniaco, flotando sobre un lago de lava. Los guardias hicieron una leve reverencia cuando él pasó por entre medio de ellos, y un demonio que parecía muy viejo, arrugado y con una joroba se acercó. —S-su Majestad... ese cuerpo se ve muy bien en usted, a-aunque claro, no tanto como su cuerpo verdadero—. El horrible demonio usaba un tono de lambiscón, hablaba y hablaba con voz temblorosa sin siquiera dirigir la mirada hacia el azabache. —Sólo trato de adaptarme a él, anuncia a todos que sigan con lo suyo, tengo algunos asuntos que atender—. Se dirigió a aquel ser en tono calmado y tranquilo, mientras arreglaba la manga de su saco y se desvanecía dejando su silueta momentáneamente hasta aparecer en los límites del Infierno, justo en colindancia con el Hades.

Entrar en el Hades no le había costado mucho, a pesar de que era custodiado por algunos demonios aduladores y persuasivos, aunque no tanto. Aquellos parecían querer a toda costa expulsar al extraño, pues obviamente, pensaban que era un ser común y corriente, un alma en pena que se escapó del poder de Lucifer y se dirigió al Hades, como si eso fuera posible. Se dirigió hacia el Castillo del Engaño y lo miró con una leve sonrisa, ignorando por completo a los guardias que parecían enfurecidos y se dirigían hacia él con armas en mano. —Quizá otro día te visite, Belcebú, hay asuntos que tratar—. Murmuró casi para sí mismo, y antes de que los guardias llegaran, se desvaneció nuevamente, acercándose a la colindancia del Hades con el Abismo. Qué se puede decir, el Hades parecía un lugar tranquilo, un poco más oscuro que el Infierno y levemente más frío, pero seguía siendo un lugar agradable, aunque los demonios de ese sitio parecían formidables, pudo reconocer a algunos que él mismo creó, los cuales eran instruidos en dicho lugar. En fin, el tiempo de abandonar el Hades había llegado, y ahora preparaba su entrada hacia el Abismo, su objetivo eran los aposentos de Abaddon, sabía que no sería sencillo llegar, pero no le importó mucho.

Así, en cuestión de segundos llegó hacia el Abismo, sintiendo la frialdad del ambiente de golpe junto con la gran oscuridad y la enorme cantidad de lamentos y rugidos de las siluetas en cada lugar. Algunas batallas que parecían ser entrenamiento, las cuales dejaban sustancias viscosas en el suelo y creaban sonidos de hierros chocar entre sí. Tranquilamente, comenzó a caminar despacio entre todos aquellos seres que tenían auras realmente dignas de demonios, era de esperarse de un sitio como el Abismo. Un grupo de demonios vieron a Lucifer caminar tan tranquilo e impecable, con su traje tan blanco que demostraba una irónica pureza, su cabello largo y negro ondeaba con lo que parecía algo similar al viento y su paso no era inmutado ni por los más fuertes y salvajes rugidos, ni siquiera parecían tener la más mínima importancia para él. Entre cuchicheos y susurros, los demonios se acercaron al hombre, poniéndose justamente frente a él y bloqueando su paso por completo. Ni siquiera se molestó en mirarlos a los ojos, su vista se posicionaba a la altura normal de su cuerpo, y aquello molestó a los seres, pues eran dos demonios más altos que él, lo miraban hacia abajo y rugían como si su orgullo fuese perturbado por la rebeldía de aquel «humano». —Basura... ¡¿qué haces aquí, y tan calmado?!— ladró uno de ellos, pareciendo levemente enfurecido, mientras se acercaba un poco más al azabache. —He venido a hablar con tu Rey, y a menos que quieras los huesos rotos y una ceguera permanente, quítate—. Aquellas palabras tan serenas y tranquilas, las cuales hablaban despectivamente sin siquiera mirar al contrario, hicieron al demonio enfurecer, caminando para pararse enfrente de ellos y lanzar un rugido de cólera, alzando su mano para atacarlo y llamando la atención de todos los seres que los rodeaban. Con un movimiento de su mano, Lucifer quebró las piernas de aquel demonio, haciendo que este cayera de rodillas enfrente suyo. —¿No escuchaste, escoria? Avisen a su Rey que Lucifer vino a verla—. Fue algo similar a una orden, mientras pasaba de largo ignorando al ser arrodillado y los demonios parecían abrirle paso aterrados por la presencia tan repentina de dicho sujeto polémico. Se dirigía hacia el Palacio Sangriento, mirando la silueta de tan magnífica construcción en la profunda oscuridad abismal.

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Re: Demonic Encounter [Privado Abaddon]

Mensaje por Abaddon el Mar Dic 24, 2013 8:09 pm

El reino del abismo, aquel que estaba más allá del Infierno y el Hades, gobernado en su totalidad con puño de hierro por uno de los entes más despiadados e incluso viejos que pisaron la tierra en sus orígenes; ¿calma? en un lugar donde las almas era torturadas de las formas más crueles que no cabían dentro del entendimiento humano, esa palabra no podía existir, por ende su Rey, ya estaba acostumbrado a escuchar los llantos, gritos, susurros que pedían indulgencia a su persona, su ego se alimentaba con el dolor que podía causarles. Desde las disparejas montañas se era espectador de un castillo que se alzaba poderoso, sometiéndose al poder de quien habitaba en él, ¿lujoso? eso era demasiado petulante para quien desde sus interiores dictaminaba todo lo que pasara a sus alrededores; contrario a ello, la piedra desgastada, consumida por la corrosión, forrada con laminas de hierro de tonos grisáceos y naranjas producto del azufre que abundaba, como entrada una cancela negra que para poder ser abierta necesitaba de más de seis bestias, pero con la sola voluntad de su señor, se abría de par en par.

"¿Qué nuevas visitas traen los salvajes vientos?", aquello era cuestionado en el pensamiento del señor del Abismo; Abaddon, sentado sobre su gran trono, ese trono que forjo luego del Apocalipsis, aun podían verse los emblemas desgastados de cada armadura y espada que fue usada para forjarlo, hermosos trofeos de guerra, la impresión que causaba era de escalofríos mezclados con un miedo del que ni un "Arcángel" huiría, pero escapo de aquella pregunta en el momento en que su reino se vio perturbado por una presencia que si en parte pertenecía a esos bajos mundos, no era parte de aquella facción. El señor de la destrucción exhalo  levantando su cuerpo. Cada sirviente que permanecía en silencio se congelo; hasta escuchar desde lo lejos un rugido de dolor, pero no cualquier dolor, Abaddon reconocía perfectamente quién en toda la creación era el único de causar ese sufrimiento y angustia eternos.

-Lucifer- Murmuro entreabriendo la boca, dando paso a la abertura de sus ojos carmesí, grandes con una profundidad igual a la del averno, mientras daba sentencia a cinco, quizá seis de los pobres infelices que le servían, siendo incinerados al instante, no estaba molesta, pero cuando alguien entraba a sus terrenos sin ser autorizado, no le parecía la manera más adepta para pisarlos, pero prefería descargar su nimia incomodidad con esos a los que consideraba solo lastres; con paso firme camino hasta la puerta de su castillo, abriéndola para recibir el penetrante aroma a azufre y sangre que se despedía por los terrenos. -¿Qué razones han llevado al señor de los Infiernos, llegar a pisar lo más profundo del mundo bajo y ruin?- Abaddon cuestiono con su tono firme y curioso, sin dejar que de su rostro se escapara una sola muestra de interés o sorpresa, llanamente quería que su pregunta no fuera respondida, pues solo había sido elaborada para romper la tensión entre los demonios que no se atrevían a moverse de sus lugares sin que su señor lo ordenara, mientras este continuaba bajando de los escalones, y tras ellos el sendero que daba hacia la entrada.

-¿Se quedaran ahí parados?

Fueron sus únicas palabras dirigidas a los demonios que osaban fastidiar en la entrada a su morada, las criaturas apenas se movieron de sus lugares aterradas al ver a su señor salir del castillo, algo malo debía estar pasando para que Abaddon abandonara la fortaleza y llegara haciendo frente al invitado sorpresa que estaba intacto, parado como si nada haciendo gala de su persona. Una figura femenina de largos cabellos rojos se hizo presente, se le miro alta, delgada, tan endeble, el camino hasta donde se encontraba su contertulio se hizo corto para ella, pronto ya solo se hallaba a unos escasos dos metros de él. Ese joven atractivo y galante, Abaddon no evito sonreír con modestia. -Te sentó muy bien ese recipiente, aun que aun apesta a carne humana, deberías hacer algo respecto a eso, solo mira el alboroto que has causado entre toda esta multitud de idiotas, que por cierto se creen con derecho a indicar quien entra o sale de mi territorio- Ante ello, el viento se agito y el demonio que se encontraba con las piernas destrozadas estallo dejando las vísceras correr hasta los pies de Abaddon, dando nota clara de que si uno más se atrevía a alterar el orden ante él, correría la misma suerte.

-¿Gusta pasar?

Fue directa sin ir más allá, dándole la espalda de manera brusca al rey Lucifer, caminando hacia las inclinadas escaleras de piedra y cal que directamente los conducirían hacia el Palacio de Sangre. El silencio se hizo de todo rincón, dejando exclusivamente no más que los pasos de Abaddon, que eran decorados por los salvajes sonidos de batallas, sufrimiento y dolor que le daban ese toque especial al Abismo.
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Re: Demonic Encounter [Privado Abaddon]

Mensaje por Invitado el Miér Dic 25, 2013 5:47 pm

Permaneció parado después de la orden, esperando que la noticia llegara al Rey del Abismo, y para su fortuna, de alguna forma u otra, su acción cumplió su prometido. No había pasado mucho tiempo desde que el demonio con las piernas destrozadas emanara un grito de terror y mostrara esa expresión de incomodidad y sufrimiento reprimidos, cuando todos los rugidos de las bestias iban menguando rápidamente, hasta lograr un silencio perfecto que sólo era invadido por ese mismo viento de antes, que silbaba con sumo cuidado como un murmuro en los oídos. El hombre arregló un poco su saco mientras esperaba, todos los demonios expectantes retrocedían lentamente, sabían que su Rey haría presencia en dicho sitio, en aquel momento, y esperaban lo peor. Sin embargo, no todo fue tan mal como los deformes aquellos pensaban. Pues, entre aquel intimidante silencio, una dama hizo presencia; una perfecta figura femenina, con unos largos cabellos rojos y una altura que combinaba a la perfección con su esbelto cuerpo, aunque parecía un poco frágil, sus ojos se mostraban despiadados, sin duda, era Abaddon.

Sin cambiar la expresión de su rostro, después de dirigir unas cuantas palabras al Rey del Infierno, hizo que el demonio arrodillado explotara, convirtiéndose en un desfile de sesos y órganos semi-putrefactos. Lucifer frunció el ceño un poco molesto ante dicha acción, guardándose sus palabras por el momento, tan sólo accedió a aceptar su invitación siguiéndola después de que Abaddon comenzara a caminar en dirección a su Palacio. El hombre caminaba muy tranquilo, sus pasos apenas y emitían sonido al chocar con el suelo, los demonios se mantenían en silencio mientras pasaba su Rey, al cual parecían tenerle una lealtad sublime. —Abaddon, nunca cambiarás—. Mencionó aquel, rompiendo el hilo mientras se acercaba un poco más a dicho sujeto nombrado. —La lealtad de tus hombres es algo digno de admirar y tus terrenos siguen tan hermosos como siempre. Por otra parte, está de más decir que luces espectacular, porque es algo obvio—. Sonrió un poco divertido, acelerando su paso para ponerse casi al lado de ella, tan sólo un poco por detrás, siguiéndola tranquilamente sin borrar su sonrisa. —Pero he de admitir que es horrible que mates a tus sirvientes, ¿sabes?— Casi parecía mentira aquella simpatía repentina que Lucifer mostraba por los demonios de baja categoría, aunque en parte era verdad, por lo regular, no mataba a alguien que sabía que le serviría, pero no todo era como lo dio a entender, tan sólo guardó silencio por unos escasos segundos, pues se limitaba a admirar el paisaje y revisar a detalle la edificación que cada vez se hacía más y más grande conforme se acercaban.

—No te cuestiono, sólo que... lo haces parecer tan aburrido. Si los torturaras, seguro tendrías más diversión. ¿Acaso no te gusta ver sus horribles rostros sufrir? Llorar como si fuesen humanos, o como si desearan estar en cualquier lugar ajeno a ese. Al final, no son más que basuras, por lo menos podrías buscar diversión en ellos. Así quizá mostrarías una sonrisa divertida de vez en cuando—. Quizá había llegado muy lejos con sus últimas palabras, pero no temía a Abaddon, en términos de poder ambos eran similares, pero a su vez, ambos estaban sellados. Obviamente, ese no era el asunto que quería plantear en su visita, pero nunca estaba de más romper el hielo de alguna forma divertida, o compartiendo el conocimiento de la tortura infernal, de la cual estaba tan orgulloso. Ajenos a los comentarios, sus pies siguieron moviéndose con delicadeza por detrás de los de Abaddon, preparado para resolver cualquier clase de golpe, que evitaría a toda costa, esperaba que el Rey del Abismo estuviera de humor en ese momento para recibir comentarios fuera de plano. Cosas innecesarias.

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Re: Demonic Encounter [Privado Abaddon]

Mensaje por Abaddon el Jue Dic 26, 2013 7:02 pm

La entrada al palacio de sangre fue tranquila, el gran portón recibía a ambas entidades gobernantes, sus interiores sin ser lujosos, solo una enorme sala con el trono de Abaddon al fondo, iluminado en tonos escarlata debido a la luz que se escapaba entre los característicos vitrales típicos de los grandes castillos decorados con cortinas rojas, desgastadas y viejas, el piso de madera que rechinaba con los pasos causando un eco sonoro; ni una sola alma maldita rondaba por el hogar de Abaddon, las palabras de Lucifer alagandola no se hicieron esperar, lo que le causo cierto desconcierto, pero a la vez curiosidad, no omitió comentario alguno, hasta que cierta y particular glosa le causo apretar los puños. Era la primera vez que alguien cuestionaba sobre sus métodos para mantener el reino en orden, conocía el estilo de Lucifer para divertirse, como algunas veces sometía a los insensatos a atroces sesiones de tortura que disfrutaba con plenitud sin que nadie acallara ese éxtasis. Abaddon era un tanto más distinta. Pero no haría toda una odisea por dichas exhortaciones. -Comprenderás que hace no mucho acabo de despabilarme tras cierto y singular evento, no tengo mucho tiempo para dedicarles, quizá más tarde me caería bien divertirme un rato, aun que me gusta el terror que se dibuja en sus caras cada vez que me ven llegar.- Sin ahondar más de lo que debía continuo caminando aun con la mirada al frente.

Dentro del lugar la mujer cambio la dirección de sus pasos hacia una puerta mediana a su costado izquierdo, dando paso a una habitación mucho más pequeña, varios estantes llenos de botellas, cráneos y velas encendidas que se consumían derramando la cera. Al centro estaba el escritorio de un tamaño bastante considerable, tras de este una silla grande y amplia tapizada en cuero negro y rojo haciendo juego, los grandes cuadros de los círculos infernales estaban apenas alumbrados por las tenues luces de color ámbar, al frente dos sillas más de tamaño menos ostentoso. Abaddon se dirigió directamente a su lugar, aquella silla de amplio respaldar, desabotonando su saco de color tabaco, su siguiente acto fue sentarse, acomodándose de manera recta observo algunos papiros viejos los cuales hizo a un lado, inhalo bastante aire reteniendolo en sus pulmones por algunos segundos, hasta dejar salir el aire de un golpe a través de su boca que estaba apenas abierta. -Ahorrame la retorica, qué necesitas?- Sobre el escritorio, un bowl lleno de frutos secos y a su costado una botella de un exquisito vino, tomando un par de copas largas sirvió tanto para ella como para su invitado especial.

-No es común ver al gran señor por estos vastos territorios salvajes.

Añadió mientras consumía de la rojiza bebida acompañándola con algunas almendras con las que jugueteaba entre sus dedos y llevo a su boca, su expresión no cambiaba en casi nada, permanecía seria, casi indiferente, a no ser por ese signo de relajación al probar el elixir rojo; depositando la copa a un lado, puso sus dos codos sobre el escritorio para luego entrelazar sus manos y así sobre estas depositar su mentón, con serenidad estuvo dispuesta a escuchar los argumentos y propuestas del Rey Lucifer.


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Re: Demonic Encounter [Privado Abaddon]

Mensaje por Invitado el Vie Dic 27, 2013 3:16 am

Tranquilamente siguió su recorrido justo detrás de Abaddon, ambos permanecían en silencio, inclusive cuando se dieron paso hacia dentro del Palacio Sangriento. Sus ojos inspeccionaban el lugar, no intentando encontrar algo, solamente buscaba el deleite de su vista con aquellos diseños que parecían de la época medieval, tan siniestros y clásicos, como austeros y básicamente sencillos, pero que aún seguían lóbregos y tan perfectos para aquel sitio. Una vez frente a la gran puerta, ésta se abrió de par en par, dejando entrar a los dos grandes emperadores, seguidos de nada más que un desolado silencio espectral. Dentro de la construcción, no había muchos lujos, tanto por dentro como por fuera la austeridad dominaba aquel sitio, lo único que ocupaba aquella gran sala era el trono de Abaddon, forjado con símbolos de una guerra, Lucifer simplemente sonrió ante aquel detalle que dejaba ver lo temido que era el Rey con el que estaba presente. Por otra parte, los pequeños ornamentos de las paredes parecían faltos de tactos, completamente desgastados y rotos como si llevaran muchos, muchos años allí.

La voz de Abaddon hizo que el Rey del Infierno postrara nuevamente sus orbes sobre la contraria, escuchando cada una de las palabras que eran narradas con esa seguridad que sólo ella lograba. Escuchó atento a todo lo que ella tuvo que decir, sin que la expresión de seriedad en su rostro fuese perturbada hasta el momento. Cuando ella finalizó, una pequeña sonrisa se dibujó en el rostro de Lucifer, comprendía lo que ella decía, mas no le parecía una excusa basta, quizá porque para él, una de sus prioridades era la tortura, después del Infierno y del Palacio Infernal. —Tienes razón—. Dijo con una pequeña sonrisa de hipocresía, —cuando lo hagas, me gustaría ser invitado para disfrutar de tus métodos de tortura, quizá aprender los tuyos... o enseñarte algunos—. Esta vez no era hipócrita, pero su sonrisa seguía allí. No sabía si aquello molestaría a Abaddon, y realmente no le importaba, incluso sería divertido que el Rey del Abismo se molestara por algo tan simple.

Dejando de lado las palabras dichas de ambos, se mantuvo de pie viendo los movimientos del anfitrión del palacio. Vio cómo dicho ser recorría un pequeño tramo hacia una puerta situada al costado izquierdo de la fémina, la siguió después de unos momentos, viendo que al parecer tendrían la pequeña reunión allí. Un sitio mucho más pequeño que la sala principal, un lugar, sin duda alguna más íntimo y discreto, que no pondría en juego sus planes, no tenía que preocuparse por algún espía o similar, aunque por favor, cualquiera que espiara sufriría el castigo de dos Reyes del Underworld. En dicha habitación, la luz era creada en base a velas que derramaban cera, víctimas del paso del tiempo. Los únicos muebles que podían apreciarse eran un gran escritorio, así como tres sillas, una que parecía bastante cómoda y las otras dos eran más pequeñas, parecían cómodas pero no tanto como la otra donde Abaddon se sentó. Mientras Lucifer pasaba contemplaba los cuadros en las paredes, la mujer tenía un buen gusto para las pinturas, debía admitirlo. Después de escucharla hablar tan directamente, se sonrió y caminó hacia las dos sillas, moviendo una de ellas y tomando la otra para centrarla, quedando así de frente a Abaddon.

Tomó la copa que llevaba aquel líquido rojo, movió su mano en forma circular, sin soltar el recipiente de vidrio, antes de darle un pequeño trago, apreciando el buen sabor de un vino añejado. —Es una lástima. Parece que no tienes muchos amigos con quiénes disfrutar de un licor tan exquisito—. Sonrió, mirándola firmemente sin miedo alguno, dejando la copa de lado por un momento, mientras tomaba la misma posición que ella y suspiraba, volviendo su cabeza hacia uno de los cuadros colgados en la pared. —No me gusta tratar estas cosas de forma tan apresurada, ¿sabes, Abaddon? Pero más vale estar preparado—. Volvió a mirar a la mujer, tomando la copa para dar otro trago al líquido rojo. —El sello que te mantiene aquí fue logrado en su mayoría gracias a mí, Belcebú casi no metió sus manos, pero era necesario. Si yo solo te hubiera sellado aquí, justamente como estoy ahora, una pelea entre tú y yo probablemente nos habría matado. Así que debía haber una garantía como Belcebú—. Hablaba directo, sin miedo alguno, sin dejar de mirar aquellos orbes despiadados. —No son necesarios todos tus halagos sarcásticos, yo sólo vine a tratar algo contigo, nena—. Añadió, sonriendo levemente con la copa en su mano. —Yo sé lo que quieres, y he venido a ofrecértelo, a cambio de un pequeño acuerdo—. Detuvo lo que decía, no contaría su plan aún, no sin antes observar una reacción de interés o de no-rechazo del Rey del Abismo. Sabía que quizá había hablado de más, pero eso lo hacía más interesante.

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Re: Demonic Encounter [Privado Abaddon]

Mensaje por Abaddon el Sáb Dic 28, 2013 2:25 am

Abaddon permanecía seca, indiferente a los comentarios del señor Lucifer, Sus ojos carmesí se hallaba desprovistos de todo sentimiento negativo, apenas un dejo de interés se dejaba ver entre la profundidad impenetrable de sus pupilas, si bien el Rey del Abismo se caracterizaba en la antigüedad por su fuerte temple, en aquellas instancias debía escuchar con más cuidado cada palabra, estaba acostumbrada al trato brusco, sin embargo parecía dispuesta a acabar con todo lo que se le cruzara. Cosa que en sí no le molestaba demasiado, pero actuaba como un Rey, además de que Lucifer alego inmediatamente que Belcebú no había tenido una participación tan protagonica como la de él para poder dejarla sellada, cosa que inmediatamente la hizo reaccionar de un modo más directo, ya no más expresiones, solo una desolada y fría cara que no expresaba más que el lado gris de Abaddon, neutral, nadie podía saber lo que pasaba por su mente en ese momento, como si se desconectara de todo solo para meditar sobre su siguiente acción. ¿Pelear con Lucifer? No, no era estúpida, sabia de sobra que en esos momentos ambos no estaban a pleno, una pelea de esas proporciones sobre sus terrenos seria dejarla sin recursos, y no es porque Lucifer arrasara con todo, es que Abaddon misma cuando entraba en cólera no tomaba medidas de quien era el enemigo y quien el Aliado, ¿Responder de manera insensata y agresiva?, Mucho menos, su orgullo no se lo permitía, Abaddon se sabia un ente primordial, alguien que nació más allá del simple entendimiento de razas, prefería guardar eso para el campo de batalla. -Esa afrenta la arreglaremos un día que los tres estemos reunidos y tengamos tiempo para jugar- Tras ello continuo atenta, Lucifer no dejo escapar mucho sobre el tema, era un tipo astuto.

-¿Acuerdo? Bien suponiendo entonces que sabes explicitamente lo que deseo.- Por primera vez en el tiempo que llevaron reunidos, Abaddon expreso algo más concreto, interés, bastante interés en realidad, bajo sus manos colocandolas ambas sobre el escritorio acercando si silla más hacia el frente para quedar mejor posicionada, y el silencio reino, no sin antes dejar que ella volviera a hablar. -¿Supongo que tan cuantiosa oferta tiene por ende un acuerdo igual de jugoso? Ambos sabemos que el Underworld el cual estaba bajo mi poder antes de lo que ya sabemos, es un territorio vasto y rico, además cuenta con un ejercito que ya una vez aplasto casi al borde de la extinción a lo todo conocido; y claro si agregamos que al ser liberada de mi sello caemos en una disyuntiva. Te exhorto a decirme sin restricciones ¿Qué es ese "Acuerdo"?- Sin andarse con rodeos, siendo totalmente directa cuestiono a Lucifer, pues en algo tenia razón, y es que había algo detrás de todo eso, deshacerse del control de Underworld y liberarla de su sello, no era un costo gratis ni mucho menos bajo, después de todo por su mente cruzo un personaje en particular, uno que la conocía mejor que nada y que nadie, Death, el único al cual respetaba, ni él podía ofrecerle tal propuesta tan así a la ligera, entendió, que era algo serio de lo que se hablaba, a menos claro que fuera una broma de mal gusto por parte del señor de los Infiernos.
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