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Are you afraid of God? [Priv Samamiel]

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Are you afraid of God? [Priv Samamiel]

Mensaje por Abaddon el Vie Mayo 02, 2014 2:15 pm

No había pasado mucho tiempo desde que Abaddon regresaba de su largo letargo, las cosas en el Abismo estaban tal y como las había dejado el caos que reinaba reconfortaba sus músculos que estaban deseosos por iniciar su actividad; ella había sido creada para la destrucción, y contenerse era algo que no podía ser previsto en su naturaleza.

Una embarcación se asomaba desde lo lejos en la montaña que era conocida como "La espalda de Quiron" un lugar más allá del séptimo circulo infernal, donde los terrenos de Belcebú terminaban y comenzaban las poderosas tierras de la madre de la destrucción Abaddon; el flegetonte, aquel rió de sangre hirviente despedía de sus vapores un olor ferroso a sangre, algo que para Abaddon no era tan agradable pero obligadamente necesario, un rey debe atender sus quehaceres y ella no estaría desprovista de ello, tratando siempre de mantenerse lo más cercana posible a todo lo que pudiera ocurrir sobre su vasto reino. -Mi señora, ya hemos llegado- Menciono uno de los sirvientes de su alteza que la reverenciaba, sin atreverse a siquiera mirar su magnifica figura.

Abaddon... esa hermosa criatura que solo era comparada con la belleza de Afrodita, la inteligencia de Atenea y la crueldad de Eris, un ser que sobrepasaba todo conocimiento tanto angelical como demoníaco; su larga figura esbelta y esculpida cual escultura griega se mantenía firme mirando al firmamento sobre la Popa de aquel navío poderoso que era arrastrado no por la fuerza de los salvajes vientos incandescentes del abismo, si no por un enorme centauro, que en silencio conducía a la reina despidiéndose de aquel rió de sangre y deteniéndose en donde el Aqueronte, el Estigia y el Flegetonte se unían.

Abaddon suspiro cansada sus ojos de intenso carmesí se abrían por primera vez en el día, y su inquebrantable postura daba paso a un movimiento, indicio de que caminaría, a lo que todos los tripulantes inmediatamente hicieron una fila y se arrodillaron ante su reina temerosos de causar cualquier acto que pudiera levantar su ira. -Mi señora, necesita algo más?- Se atrevió a articular un pobre incauto.

-Si- Fue lo único que escapo de sus carnosos labios por el momento mientras pasaba de largo no sin antes dar una orden caprichosa tal vez -Alguien que sea lo suficientemente estúpido, diríjase a donde Caronte y dígale que necesito algunas almas- Sin molestarse a mirar quién obedecería a su orden bajo del barco, y el enorme centauro flagelado y deforme se inclino hacía ella. -Hace tiempo que no veo a Minos, dale mis saludos- Su voz era tan cortante y distante de mostrar emoción alguna, el poderoso ser solo se preocupara por una cosa, y eso era recuperar el control sobre sus dominios, algo en lo que la mayoría de demonios estaba de acuerdo, por ello sus constantes paseos y salidas alrededor el Inframundo dirigiéndose de un lugar a otro, un Rey siempre cuida de su pueblo.

Cansada ya de aquellas ropas y el penetrante aroma a sangre, Abaddon solo se envolvio en su espeso humo negro que la abandonaba a cada paso que daba, dejando expuesta la belleza de la reina; caminando con sus delicados pies descalzos, ataviada con un vestido de corte griego largo y vaporoso de color negro con adornos de plata pura, algo tan sencillo que la hacía ver tan magnifica en esa tierra de bestias. El viento corría caliente y con su ya característico aroma a azufre, moviendo sus largos hilos de fuego dejando expuesta su espalda desnuda, que grabada tenia las marcas de sus alas.


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Re: Are you afraid of God? [Priv Samamiel]

Mensaje por Samamiel el Sáb Mayo 03, 2014 4:55 am

No hay punto de comparación con la antigua Constantinopla... -decía este, que ya se ubicaba en el bajo abismo- ...esto está como antes del asedio turco... -se refería a la conquista otomana del antiguo imperio romano oriental, el que fue su hogar y lugar de actuación terrenal, suponiéndose a la situación de anarquía. Samamiel, se encontraba exactamente en un punto intermedio entre la orilla y la unión de los rios abismales. La casualidad lo había llevado ahí, mirando a la distancia y a lo que el horizonte abismal dejaba verle.

De golpe, ese rostro de serenidad se rompió cuando una de sus piernas, con fuerza, aplastó algo que se hallaba bajo él. Era el cráneo de algún desdichado demonio que intentó engañarle, pero claro, más embaucador era Samamiel. Este, agachó ahora su rostro hacia abajo, viendo el cráneo hecho puré y elevando su bota para verse lo tanto que se había manchado. Alzó de nuevo su mirada al horizonte y dio un paso mas al frente, dejando el dicho puré de demonio en ese lugar. Aunque esas acciones parecían el de un vencedor, no lo eran, pues había huído tras ver que sus manipulaciones habían caído y que un captor intentó detenerle en vano.

Su porte era recta y erguida, de hecho sus mano estaban a su espalda, agarrándose una muñeca contraria. La tranquilidad había adornado la figura enigmática del diplomático. Sin embargo, una embarcación portentosa, lo distrajo e hizo que siguiese con su mirada hasta donde llegaba e iba. No puede ser... -comentó así mismo- desde luego, son pocos los que se pueden permitir... -decía mientras miraba desde esa posición, el momento justo donde sus súbditos agachaban cabeza ante una figura que no podía distinguir- ...tal lujo... y poder... -Llamar su atención quedaba corto para definir lo que sentía. Este, miró hacia atrás ahora, al puré y por si habían algunos terceros para luego sonreír muy levemente. Volvió a la posición original y lentamente, aprovechándose quizás de lo caótico y lúgubre del lugar, empezó a encaminarse lentamente a una mejor ubicación y estando algo oculto; era prudente, muy prudente en comenzar guerras innecesarias.

Consiguió una buena posición, lo que hizo seguir en esa postura poco tiempo pues su prudencia quedó por lo bajo ante los deseos, que lo hicieron entrecerrar mas sus ojos y deshacer su postura en una mas agachada. Sus sospechas suscitaban una ligera idea, sus ordenes, sus movimientos, su majestuosidad... Aunque también se debe comentar que no fue solo lo que llamó la atención esa serie de características, si no su cuerpo fémino conjunto a sus vestimentas y que enervó los deseos más oscuros e internos del demonio Samamiel. Finalmente, dedujo- el Rey. Dijo en voz baja- no hay mas Lord que Abaddon. -Al ver eso, sus sospechosas se vieron ya calmadas, pero no su deseo: un cuerpo bello, un poder admirable y un renombre caótico, cosas que seguían haciéndole ervir la sangre en su mas locuro deseo carnal... Sin embargo, este se aguantó estas ganas por ahora... ¿Como podría aprovecharse de esa situación y que podría ganarse con ella? ¿Ser eliminado de la faz del infierno, el destierro, un poderoso enemigo o quizás un aliado? No lo sabía, así que prudente, quedó en el lugar a esperas de ser visto o, ver algo mas.
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Re: Are you afraid of God? [Priv Samamiel]

Mensaje por Abaddon el Sáb Mayo 03, 2014 5:19 pm

La tierra vibro en cuanto sus delicados pies desnudos daban un paso, dando la bienvenida a su señor, aun a pesar de que las leyendas decían que, el poder de Abaddon permanecía sellado, debido a una traición por la espalda, encausada por Lucifer y Belcebú, no se esperaba que un espectáculo de tal magnificencia, fuera causado para recibir a este ente tan temido por todos, incluso los rumores aseguraban por ahí, los propios arcángeles llegaron a temer de tan solo escuchar su seudónimo; el suelo volvió a agitarse con temor, la tierra misma queriendo huir de Abaddon.

-Esto es un desastre

Dijo en un tono bajo, el reino de los más crueles demonios, era tan decadente... suspiro para si misma, recordaba que durante su máximo gobierno que, de los tres reinos, el de Abaddon prosperaba, el equilibrio entre las almas era el apropiado para sostener a sus filas y filas de sirvientes de su lado; una sola palabra de Abaddon bastaba para que imperios completos fueran arrasados con furia, recordando viejos favores, Alejandro, Atila, incluso el dios pagano Ares había pedido alguna vez su favor, nadie sabía que pasaba con sus almas después de que Abaddon les concediera su gracia, rumores argumentaban que ella los despojaba de todo quedando solo cuerpos grises que eran condenados a las fauces del cerbero, y sus almas funcionaban únicamente como un adorno más de su palacio en el que vagaban entre inmundicia y desdicha. Aun que eso era poco creíble debido a la reputación cruel y severa del Rey a la hora de sentenciar.

Algunos más consideraban que Abaddon se divertida en la privacidad de su sala mientras le pedían clemencia cuando sus almas eran torturadas, pero aun era un castigo tan poco satisfactorio, finalmente el ultimo de los rumores es que eran condenados a vivir en el limbo, hasta ser llamados por su señor para acompañarle en la guerra, al final involucrarse con un ente tan incomprendido como ella era un juego que podía llevar a la mayor de las delicias o la peor de las desgracias.

Abaddon detuvo su paso, algo perturbo su andar, una sonrisa apenas perceptible escapaba de sus inmaculadas facciones, alguna vez lo había mencionado ante el perverso "Belial" 'Ustedes son como un libro abierto para mi', nada pasaba en sus terrenos sin que ella lo supiera... pero algo la freno antes de dirigirse al viento, escuchando el aleteo y chillido de una de sus más preciadas posesiones.

-Vulgrim

Sus ojos se fijaron en un punto del cielo, el cuerpo se acercaba a ella sin temor a ser destazado en el intento tan osado, contrario a ello al acortar la distancia le abrazaba con sus alas, tenia la pata delantera sangrando, el fluido de un rojo oscuro casi negro caía manchando los descalzos pies del rey que gracilmente se inclinaba para tener una mejor visión de los hechos.

-Alighiero te volvió a lastimar- Añadio casi con cariño, sin lugar a dudas un ser totalmente fascinante. -Shh, ya, tranquilo, deja que tu Rey alivie el dolor.

Vulgrim, el dragón del viejo testamento, la bestia que traería el fuego sagrado para purificar la humanidad durante el Apocalipsis y que desencadenaría una bestial batalla contra los ejércitos de los cielos antes del cierre de una era, acompañaba a su señor, herido de una pata, para Abaddon no era sorpresa, regularmente Vulgrim debía poner orden entre los otros dos dragones Alighiero y Viscerion que fungían como vigilantes del noveno circulo "Traición" para mantener el orden, sin embargo a veces cuando Abaddon no se encontraba, las fieras batallas se desencadenaban y el mayor de sus hijos debía aplacarlas.

Sin ser esperado la mujer llevo su muñeca hasta sus labios entreabiertos, y con sus dientes mordía con fuerza para abrir la delicada carne, dejando fluir en pequeños ríos su sangre, dejándola caer sobre la herida de Vulgrim, que enseguida era cubierta por un fuego de azul intenso, cerrándola durante el proceso.

-Qué te ha traído hasta el reino de los abandonados.

Lanzo al viento y con su atención aun hacia el dragón que se inclinaba para rozar su cabeza contra el cuerpo de su señor; en respuesta recibía caricias. -Tengo la inquietante sensación de que en algún lado nos hemos visto- Agrego sin esperar una respuesta, el viento soplo haciendo que sus ropas se adhirieran aun más a su piel, mientras su dócil bestia solo se echaba en forma de rosca para que Abaddon pudiera tomarlo casi como un trono, acomodando su afilada cola para que funcionara como un reposa brazos.


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Re: Are you afraid of God? [Priv Samamiel]

Mensaje por Samamiel el Dom Mayo 04, 2014 4:45 pm

La escena se tornó dramáticamente mas lúgubre de lo que había sido hasta ahora, algo que era muy normal y nada raro en Samamiel. Cierto recordar que este bipolar ahora miraba con dos caras. Una la del seducido, ya que la tentación y provocación que daba el poder del Rey, su cuerpo y sus movimientos y acciones lo habían seducido a mas no poder; además de su aparente templanza y poder tal... aunque cierto es que a un ninfomano como él no es que se fije en tantísimas cosas. Por otro lado, su fría y calculadora personalidad estratégica mental que pensaba conseguir tajada de alguna manera; posiblemente como un aliado e incluso súbdito, pero incluso para la servidumbre ya era una tarea dificil. Estaba tan fijado en ella, como el de un artista observando una belleza de arte o el de un matemático resolviendo un problema de matemáticas, casi ignorando a la bestia colosal que ya había aparecido rato. Su figura, su espalda, su cadera, sus labios... y su fuego azulado. Pero, no sería hasta que ella hablase por segunda vez al viento que hiciese salir de los profundos deseos del embaucador... Pues, él creía que hablaba al dragón y es que había sido detectado desde antes, algo que solo hizo engrandecer su deseo.

Sin hacer parecer sus deseos tanto lujuriosos como manipuladores, cerró sus ojos con cierto aire de chulería mientras elevaba parte de su labio hacia un lado, enseñando sus colmillos- Lo siento, Lord. Me encontraba ya en esta situación; y ciertamente no sabía si asomándome descaradamente o mirando descaradamente me conseguiría una muerte mas rápida o lenta. Por eso... -agachó leve su cabeza- ...pido disculpas por mi estupidez. -Sus palabras eran aparentemente sinceras, algo que el embaucador y manipulador sabía hacer bien por su condición y por lo experto que era en el arte del engaño, y su cara no se acomodaba desde luego a alguien totalmente arrepentido... Pero eso era parte del juego, simular ser un maldito cobarde, según el creía, no le sería de interés a Abbadon. Se asomó mas y se dignó a bajar para quedarse a una distancia prudente. Se sabía muy bien el protocolo.

Me trajo la curiosidad Lord Abaddon. Y también un poco lo que vuestros súbditos, experimentar. Aunque algunos mas que otros. Sobre si nos conoce... -el que su vestimenta se ajustase mas a su piel, hizo que la balanza interna tornase mas a un lado que otro, pero no hablaba con una cualquiera y la razón pudo con la pasión- ...puede iluminarme o oscurecerme, pues... no recuerdo yo. Aunque desde luego es dificil olvidarse de Mi Rey. Suelo despistarme por tantas tareas. -Quizás, la indirecta pudo haberse notado sobre no poder olvidarse de ella, no solo por su colosal poder e influencia, ni de su reino, también de lo que podía sustentar a otros, miedo o deseo.
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Re: Are you afraid of God? [Priv Samamiel]

Mensaje por Abaddon el Mar Mayo 06, 2014 11:40 pm

Enarco una ceja su expresión helada no cambio por un solo instante, su respiración tranquila acompañaba los latidos de su corazón, miro sin descaro al hombre que se posaba frente a ella, analizando sus facciones, teniendo algunas ligera sospechas de que pudo haber escuchado de él en alguna parte, pero no lo recordaba, no claramente, sus palabras sonaban serenas, aparentaban las de ser un hombre sumiso ante el Rey, pero ese era uno de los cuentos que Abaddon no se tragaba, suspiro cerro los ojos momentáneamente antes de volver a hablar cambiando sutilmente su voz a una más relajada.

-No tienes que ser tan formal, ni sumiso, al menos no en mi reino.

Abaddon retranco la espalda sobre la cálida piel del dragón percibiendo la sangre del mismo corriendo por su torrente sanguíneo, relajo sus músculos, recargo su cabeza sobre su mano izquierda mientras con la derecha jugaba con algunas figuritas de fuego salvaje de varios colores.

-No entremos en tanta retorica... Cual dices que es tu nombre?.

Los vientos de la zona se aplacaron, de la nada el terreno parecía ya como los campos Eliseos, todo rodeado de rica flora y fauna, riachuelos que se conectaban unos con otros, incluso el cielo se tornaba de un azul mezclado con los salvajes rojos, aun que carecía de un sol, pero no de su calidez. A Abaddon le gustaba jugar en sus ratos libres, que el inframundo fuera un lugar salvaje no implicaba que el Rey precisamente tuviera aquel gusto tan excéntrico. Enseguida con un ademan de su derecha hizo aparecer una silla con amplio respaldar, invitándolo a sentarse frente a ella acortando distancias, queriendo indagar un poco más sobre quién se paseaba tan a gusto por sus terrenos.

Raramente figuras como las del hidalgo se presentaban ante ella en el Abismo, siempre rodeada de bestias deformes y brutas, extrañaba mantener conversaciones con alguien, conversaciones no necesariamente coherentes, pues... Ni ella misma era coherente, era un ser delirante que en cualquier momento podía cambiar de idea y ascender a la tierra para imponer su puño de hierro.

A lado de ambos se presento un joven de cabellos rubios con la mirada perdida, llevaba en sus manos una Lira, Orfeo. -Los mortales son criaturas interesantes, son capaces de apostar lo único que les queda de toda una vida de miseria, por un fugaz sueño- La música apacible acompañada del ambiente lo volvía todo más relajado, Abaddon cerro sus ojos esperando que ahora él dialogara.


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Re: Are you afraid of God? [Priv Samamiel]

Mensaje por Samamiel el Dom Mayo 11, 2014 9:16 am

- Si no debo ser; ni formal, ni sumiso aquí. Debería ser... ¿lo contrario? Grosero y dominante. -Dijo con una larga sonrisa, la cual se amplió alejando su serenidad contraria- es broma, apartaré la retórica. -Lo último, fue acompañado por un ademán de mano y con unos pasos mas confiados al rodearla solo 10 pasos. Miró a otro lado ante de posar su mirada otra vez en sus persuasivos movimientos, que aunque frías palabras, parecía mas fijarse en lo que veía; en ocasiones gran error. Ante la petición de su nombre, comentó.

- Lord. Preferiría no decirlo. Muchos enemigos me hice. No quiero decir que haya cometido algún problema con usted... -se quedó quieto, sujetándose su barbilla para luego mirarla a los ojos y decir con dicha sonrisa- o si... -dejó de caminar, colocándose en dirección a ella y sujetándose sus muñecas por detrás.

La silla y sobretodo el lugar no pasaron desapercibido, sin embargo, tampoco los recalcó; poder. Pero claro, ante la posterior invitación a sentarse para acortar distancias, solo se le escapó una leve sonrisita algo chulesca y con un paso inseguro, prosiguió a sentarse y a aceptar la invitación. Se sentó y por cierto, con mucha comodidad, colocándose una de sus piernas sobre su otra rodilla y relajándose; quizás con cierto descaro. Pero este, no cesó en continuar la conversación. Observó al joven de mirada perdida, posando uno de sus manos en su mejilla que tras la conversación que Abaddon le dije, tornó sus ojos a ella pero no se cabeza- Y aún así, por eso, tanto tiempo  ellos se han intentado autodestruir, que el no conseguirlo... les ha dado una capacidad que como raza me da miedo. -Comentó este, que al final, giró todo su rostro hacia ella y se colocó de una manera mas formal, diciendo- Samamiel, de Constantonipla. Moré por la antigua Bizancio hasta los parias de ahora..
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Re: Are you afraid of God? [Priv Samamiel]

Mensaje por Abaddon el Dom Mayo 11, 2014 2:30 pm

Ante las palabras de su ahora "Invitado" cierto grado de simpatía nacía en el Rey, sus ojos de escarlata profundorodaron con obviedad, de un chasquido el cielo se tiño de negro iluminado unicamente por estrellas que lo bañaban, Abaddon alzo el rostro para ver ese firmamento creado por su voluntad, suspiro mirando la constelación de Escorpio, la principal que relucía más que las otras. -Bueno hace tiempo que no entro en batalla, la ultima vez dos lanzas atravesaban mi caja toracica- Dijo con poco interes, recordando el día en que Belcebu y Lucifer habían cometido la blasfemia de levantar el puño contra la creadora del Abismo, los recuerdos fluian en su mente, el fatidico día en que los hijos de dios traerían la desgracia al Inframundo, aun sentía en su piel la sensación de Cassius e Yggritte sobre su carne sellando su poder, y detras de ellos Dios.

-Se necesito de la entidad más poderosa en la creación acompañada de sus traidores para poder derribarme, y aun así me he levantado.

Agrego con poca cautela, Abaddon era así, directa y sin miramientos, no pecaba de arrogancía, pero pecaba de ser demasiado directa, sabía los alcances de su poder, pues era verdad, Dios había tratado de detenerla en un intento desesperado por mantenerla a raya en el apocalipsis, sin esperar que su brutalidad y fuerza lo obligara a retroceder, los grandes creadores a exepción de muerte claro estaba, se debatian con saña en el campo de batalla, Abaddon al frente de sus ejercitos como un Rey que nunca huia de sus batallas, y Dios, Dios solo se escondia a las faldas de sus Arcangeles.

-No hay enemigo mio al que no conozca- Aclaro mientras señalaba la constelación de Escorpio -Eso lo aprendieron de mala manera, el día que decapite al dios pagano Ares en Troya y levante a Antares como la estrella más brillante del Escorpión en el firmamento, burlandome igualmente del poder de Dios en los cielos.

Una sonrisa de satisfacción se dibujo en sus labios, aun palpaba en sus manos la batalla que no duro más de un instante cuando en esos ayeres, las entidades paganas caminaban sobre la tierra gracias a los favores de Dios, Muerte y Abaddon, antes del Apocalipsis, antes de que el Inframundo fuera dividido, mucho antes de que famosos demonios como Belcebú o Samael pensaran siquiera en nacer, cuando el Arcangel Lucifer aun calzaba delicadas sandalias sobre las nubes.

-Eso es porque Dios les ha sembrado miedo y esperanza, aun recuerdo a mi amado Diomedes, lamentablemente no dejaba de ser un mortal que tarde o temprano perecería y sería castigado por herejia.

Pauso unos momentos, finalmente él hombre revelaba su identidad, Constantinopla, la hermosa ciudad del Imperio Otomano y principal distrito economico, la direrencía entre ambos seres era muy evidente ante sus palabras, mientras Abaddon gozaba de ciudades dedicadas a la guerra y culto, aquel muchacho paracía prestar más atención a la politica y la estrategía, despertando aun más el interes del Rey, tal vez... Abaddon necesitaba cubrir el puesto que por el momento permanecía vacio, era verdad, su mano derecha estaba totalmente aucente de sus deberes, lo que molestaba a Abaddon, sin embargo Samamiel, el intrigante personaje, tenía en su persona algo que el Rey buscaba, aun así debía detener su instinto, el tiempo volvia cautelosa a Abaddon.


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Re: Are you afraid of God? [Priv Samamiel]

Mensaje por Samamiel el Mar Mayo 13, 2014 12:49 pm

Escuchó con atención lo que Abaddon decía ante sus señales y el estrellado cielo que de improvisto entró para hacer de la escena aún más surrealista. En cierta manera le aburrió, le recordó el afán de césares de los tiempos vividos; pero a diferencia de los otros, Abaddon gozaba de crear y forjar su propio dominio con sus propias manos desde sus cimientos, lo que ningún humano, césar o caudillo ha conseguido mas que herencias y desvarios paradójicos. Abaddon y su dominio, era como enfrentarse a una fuerza de la naturaleza que podría ser frenada, pero que solo era cuestión de tiempo que tomase su marcha desoladora... y peor aún cuando esta fuerza tiene consciencia de su existencia y de su alrededor. Por esto, atendió a sus palabras y hazañas, descubriendo que no era afán lo que salía de su voz si no hechos; algo que diferencia a los reyezuelos humanos de antaño, guiados por derechos.

Su mensaje fue captado, y así entendió los hechos, muchos fueron los que tomaron los papeles para derrotarla y poco han conseguido, para poder campantemente aludir a lo que hizo y que sin dudas a su parecer, podría volver hacer. Su admiración había crecido; su poder había practicamente equilibrado a la atracción que sentía por su sensual cuerpo. Siguió atendiendo a los puntos que el mundo había sido tocado por su índice. Desde luego, pudo ver que él no estaba en la lista de enemigos del Rey.

- Yo poco habré logrado... Fui quien bautizó a Constantinopla como Estambul... -se incorporó- ...y literalmente, puesto cedí las llaves de la misma ciudad a los turcos otomanos... Dejando caer una era para ver otra, un imperio por otro; el mismo perro con distinto collar. -Ahora, miró a su alrededor y volvió a mirarla- ...una venganza personal contra Constantino XI, nunca me gustó que me rompan mis buenos pactos bien logrados... Pero resultó luego que el sultán Selim II quiso imitar o seguir los pasos de su homólogo cristiano ortodoxo... Y me asomé en la "más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros"... La batalla de Lepanto... y muchos saben como acabó. Todo, para mantener la estructuras demoniacas de mis socios en cada país de pecadores. Cuanta ambición que recoger. Y ya, me cortaré con el Tercer Reich; porque de ahí fuimos muchos los que cogieron cachos... La diplomacia, puede hacer caer naciones enteras ¿Sabe? Pero las naciones son exclusivamente humanas... Un demonio, dificilmente, tiene patria.
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Re: Are you afraid of God? [Priv Samamiel]

Mensaje por Abaddon el Mar Mayo 27, 2014 12:43 am

La mirada fija de Abaddon sobre el joven no perdió el interés, se detuvo a analizarlo, cada mirada, cada movimiento, ella sabía perfectamente a que atenerse con cada paso que diera, provocando una sutil sonrisa tan encantadora como mortal; involucrarse con el Rey era la peor de las perdiciones o quizá la más deleitante de las aventuras, su majestad se levanto de su lugar al escucharlo claramente, prestando total atención a las palabras de Samamiel.

“Un demonio difícilmente tiene patria” Esas palabras calaron de cierta manera en Abaddon, puesto que para ella todo por lo que luchaba era lo que le pertenecía por derecho, algo a lo que llamar hogar en cierta manera, y no en un sentido utópico, más bien era para afianzar un dominio total sobre sus súbditos, sin ahondar en el tema, era un rey justo, lo suficiente para ser admirado y alabado por muchos, a la par que odiado y rechazado por otros, tal vez era por su implacable carácter, o por la manera tan ruda en la que solía tratar los asuntos políticos, pero al fin y al cabo para ella, el Underworld era su casa

—Tu punto de vista es interesante, me agrada— Con el dorso de la mano tomo el libre permiso para acariciar tenuemente la mejilla del demonio pareciendo totalmente indefensa —Si hubieran más generales en mi ejercito como tú, probablemente la tarea de recuperar todo el Underworld sería más sencilla, pero estoy rodeada de imbéciles que lo único que hacen es afianzar una guerra sin cuartel, no niego que es vehemente pelear, para eso nací, pero a veces necesito de un brazo sagaz que guíe algunas de mis decisiones.

Con firmeza trazo con sus dedos los brazos del hidalgo, notando la suave musculatura de los mismos, la letal mirada carmesí de la reina se detenía en los ojos de su interlocutor, ¿Un juego de seducción?, no, Abaddon no tenía un interés profundo por las relaciones carnales, pero cuando algo despertaba la curiosidad de ella, difícilmente el capricho salía de su terco pensamiento, después de todo, ¿Quién le negaría algo?.

Suspiro con profunda resignación, a pesar de su dulce tono de voz no dejaba de ser aterrador, sobre todo cuando no sabes lo que te espera con alguien tan incomprendido, e inestable, finalmente su delicada diestra se poso en la barbilla del muchacho de manera indiscriminada, el tacto de Abaddon podía decirse que era calido, suave como la seda, quién pensaría que esas manos eran capaces de arrancar vidas al por mayor, pocos eran los que realmente llegaban a degustar de ese intimo contacto, solo los dragones sus dragones conocían la suave caricia de Abaddon.

Entreabrió sus rojos labios húmedos y rebosantes —¿Cuál es vuestro precio, para servirme mientras me seas de utilidad?, no seré hipócrita, pero tampoco conozco de traición, estaros seguro de que de mi solo recibirás lo que os apetezca— Susurro acercando su rostro. Podía detectar el aroma varonil del demonio. —Debe a mi unión y te daré lo que pidas. Aun que tampoco tienes por que hacerlo, eres libre de decidir lo que mejor te convenga.

Siendo totalmente directa, con sus manos acomodo las solapas de la camisa de Samamiel detenidamente, sus ojos afilados no se despegaban de los enigmáticos de él, probablemente cualquier jovencita caería rendida ante los encantos masculinos de aquel hombre, pero ella se mantenía serena e implacable, mientras esperaba una respuesta.

OFF:
Sorry por la tardanza, he estado en finales de la Uni y apenas me ha dado cabida para contestar, pero afortunadamente ya salí de vacaciones así que podemos continuar con un ritmo más fluido, Nuevamente disculpas y saludos =)


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Re: Are you afraid of God? [Priv Samamiel]

Mensaje por Samamiel el Sáb Mayo 31, 2014 11:26 am

Miró, agachando su rostro, como ella se levantaba y prefería otra manera de atender. Se fijó en eso, muy típico de una fuerza poderosa. Disciplina era lo que esa acción le dio a atender, e incluso... análisis. Fue cuando este acabó de decir, más que ella tocó con su mano la mejilla, cuando las cosas en su interior dieron un brusco giro. ¿Quien se creía? Se creía rey con razón, pero, ¿tan libre es el rey y tan fácil es serlo? Lo dudaba, y eso fue algo que le hacía arder en su interior, él que uno se concediese su propio permiso ante los de abajo, que son el leviatán que sostiene un reino. Aunque parecía crítico, no lo era así del todo, puesto esa sería fácil manera de conseguir una aventura más... y objetivos, así que se dejó acariciar cuan sumiso plebeyo, pero mirándola directamente a los ojos; haciéndose ver y notar.

Suelo ser un cabezota, me encanta tener la razón la mayoría de las veces. En eso soy muy extremista y poco neutro... Si sé que... hay un polo beneficioso y otro que me maldice, obviamente cogeré uno de ambos y no me quedaré neutral... Hasta las últimas consecuencias. —Decía mostrando su objetivismo, a lo que a su continuación al hablar esperó y comentó— Unificar todo Underworld necesitará algo más que espada y sangre. —Opinó con formalidad, mirando hacia otro lado, como maquinando que decir— ...se necesita en ocasiones algo más que espada para mantener la pirámide que tienes bajo a tus pies... Una espada no sostendrá sola la pirámide base, y menos cuando esta se de la vuelta y la base de la misma te aplaste. —De alguna manera, se refería a cualquier tipo de rebelión, y que precisamente vendría desde la misma Abaddon hacia abajo. — Es una ley de humanos, pero fácilmente aplicable a los demonios y más cuando... "los humanos se subyugan por necesidad" y... los demonios... somos algo mas individualistas.

—Sus caricias por su brazo, suscitaron en dejar las manipulaciones por las perversidades sexuales que en un principio le dejaron verse, dejando de mirar hacia un lado para mirarla a ella directamente y, ampliar más ese margen de fantasía que él creía, pues fascinaba su poder. No lo hizo notar, pues ahora quería dar porte. Su suspiro fue notado, para él, como cierto signo negativo. Habría visto y deducido algo de él mal, algo que le interesaba que se mantuviese así. De hecho, cuando fue acariciada su barbilla, sus perversidades aumentaron. Se preguntó si los gluteos del rey serían tan suaves y cálidos como las de sus manos, mismamente que su vientre y piernas. Aún así, en esta posición que para él en otras ocasiones hubiese significado sexo seguro, la prudencia le agarraba. Era cosciente de la suerte y el honor que tenía de ser tocado, hablado y tratado de dicha manera... y sacaría partida de ello. De hecho, su fugaz mente estratégica se activo ante tanto pervertido pensamiento. Se le había ocurrido algo... de alguna manera, con una intención de impresionar—

Haré una contraoferta mejor... —algo ilógico, pues su oferta era que él mismo la dijese— ...ponedme a prueba y compensadme a la medida de vuestra examen. Teniendo en cuenta que insuficiente sería... una inutilidad muy grande para su Unión. —Lo que planeaba, era que ella confiase en él. Su jugada, era confiar en su habilidad y en la mediación de la reina, dotándole a ella el criterio para criticar a Samamiel sin que ella se arriesgase a darle a él la libertad de decidir sin merecerlo realmente; quería demostrar su habilidad y que ella saliese convencida de que si podría recibir recompensa— Que mejor que probarlo con hechos...
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